El Blog de Motín – Capítulo 1: ¿En qué estamos fallando?

Primero, y a modo de presentación para quienes no me conocen, soy Jorge Salazar, fundador y actual productor general del Campeonato Nacional de Lucha, CNL Chile. En este humilde espacio llamado “El Blog de Motín” (apodo que me dieron en el camarín de “Acción Sin Límites” de Concepción, por allá por el 2009-2010) escribiré de tanto en tanto para expresarme y dar opiniones que tengo acerca de este incipiente negocio de la lucha, obvio siempre tratando de aportar al debate positivamente. Espero les guste.


“Entretenimiento deportivo”.

Sea del país que sea, o del tono-estilo que sea, el pro-wrestling es deporte y espectáculo en simultáneo. WWE te lo recalca cada vez que es posible, y sí, al tener ese componente de “entretención”, lo que se ve en pantalla (TV, internet) y en los live shows de una promoción, es el mismo trabajo que busca conseguir una película, una serie o una obra de teatro: generar emociones de algún tipo. Alegría, rabia, risas, emoción, etc., pero al ser un arte escénico en vivo y en directo, es muy difícil generar reacciones espontáneas o no premeditadas por parte de la audiencia.

Las condiciones para conseguir exitosamente esto son muy especiales: el público debe estar muy involucrado en el relato que estás contando, ya sea la lucha misma o un segmento especial, y luego, en el momento adecuado, disparar la emoción que quieres provocar con algún recurso. Se necesita de diversos factores para lograr esto: los actores correctos, la historia adecuada, el entorno ambiental preciso, etc. No hay que re-inventar la rueda.

Cada promoción posee sus recursos para lograr las emociones que busca conseguir, porque cada promoción es distinta en su planteamiento. Promociones internacionales como NJPW o ROH se promueven como alternativas “más serias” y para otro tipo de audiencias (siendo que en los últimos años, ROH ha luchado por abrirse más a la batalla con WWE o Impact Wrestling, con búsqueda de audiencias más transversales), mientras que otras como DDT en Japón y CHIKARA en EEUU se plantean como entretención pura, casi paródica, pero siempre cuidando la prolijidad sobre el ring.

Esto implica, que el tono-estilo que la promoción plantea es el que determina que tipo de combates se van a ver arriba del ring. Luchas cortas, luchas de media hora, todo depende del tipo de show que se quiera vender, y obvio, del tipo de público que se quiere atraer. Ya está comprobado que hay público para todo. Audiencias relativamente pequeñas que disfrutan shows más “extremos” o para adultos, audiencias más transversales que gustan de llevar a sus hijos chicos a pasar un domingo en familia y disfrutar con un show más integral, e incluso otras audiencias aún más específicas que gustan de luchas llenas de técnica, golpes fuertes y larga duración… y así podemos seguir. Claramente, esto se debe condecir con el estilo de luchadores que cada promotor llama a sus espectáculos, para poder seguir en la línea de identidad de lo que está promoviendo. Es una simbiosis entre el estilo de espectáculo y los luchadores que la componen, siguiendo la misma relación director-guión-actores del cine o televisión pero llevada a otros factores.

Sin embargo, un lugar común en los casi 20 años de lucha libre moderna en Chile (desde 1998-1999) es que algunas promociones, o como se les llama en Chile, “agrupaciones” o clubes deportivos sin fines de lucro, es caer en la pretensión de creer que sus historias o recursos creativos son suficientes para atraer a sus audiencias, repitiendo lo que han visto en televisión, sin pensar en que los recursos que poseen para exponer su material creativo son diferentes y mucho más precarios que los que puede tener una producción televisiva con frecuencia semanal. No me refiero a la copia de ideas, ojo, si ya está CASI TODO inventado en este género, sino a la forma de exponer esas ideas.

O peor aún, creer que las ideas que se exponen, son atractivas para la audiencia. De partida, no todos los asistentes que llegan a un espectáculo conocen los personajes, y mucho menos van a conocer las historias. La mayoría de público nuevo llega a un show sin saber como reaccionar, pero no porque no quiera reaccionar, es porque no saben. Es como cuando vas al estadio y no te sabes los cantos de las barras. Luego de ir un par de veces, te los aprendes.

Esta incapacidad (que todos tenemos a veces) de poder enfocar la creatividad y contextualizar correctamente a la gente que llega al espectáculo lo hace muy confuso para un fan casual (asistente no habitual, o no-consumidor de lucha libre chilena) que probablemente no entenderá el show, y obvio, tendrá cero ganas de regresar al siguiente. Pero hay otro aspecto más grave incluso: la calidad del trabajo sobre el ring. La discusión permanente entre luchadores acá es que “ese luchador no sabe”, o que “ese luchador aplica mal”, etc. sin mirar los otros factores que rodean al espectáculo. Pero va mucho más allá de eso.

Como decía más arriba, la relación promoción-luchadores es la misma que director-actor-guiones. Está claro que hay luchadores adecuados para un tipo de relato, otros adecuados para otro tipo, aunque JAMÁS debe descuidarse el producto que se presenta sobre el ring, sea del estilo que sea que el promotor prefiera (algo más americano-televisivo, más hardcore, más japonés, mexicano, etc.). Estamos en plena búsqueda de identidad luchística como chilenos, por lo que decir que hay un “estilo chilensis” es demasiado pretencioso a esta altura del partido. Vamos para allá si, es innegable.

Personalmente, creo que la búsqueda de cada promoción seria o agrupación deportiva sin fines de lucro, es de encontrar un tono/estilo que les permita hacer lo que les gusta (wrestling), y definir con claridad qué audiencia es a la que quieren llegar. Los resultados estarán a la vista.

Un abrazo a todos y mucho éxito.

Jorge.

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